Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

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Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

Mensaje por Klaus F. Van Røhl el Dom Feb 03, 2013 3:28 pm

18:00 pm │ Nuboso │ Meredith W. Smith

Era inútil. Nadie podría haberlo despertado de aquella quasi ensoñación en la que se hallaba inmerso, algún poeta lo hubiera comparado con los efectos de la maldición Imperius; el desligamiento hacia el mundo tangible y visible, como si este de repente se hubiese vuelto un sueño, menos real en algún momento sin aviso previo o carta ultimátum que advirtiera el resultado. No. Aunque supiera que sus manos se hallaban ahí; que el librero se encontraba a su derecha y frente a él la chimenea; el conocimiento estaba presente, o más bien, el conocimiento de su yo tangible; pero el conocimiento de su superyó se encontraba sumergido en las páginas de aquel libro que hojeaba cada cierto tiempo, cual reloj suizo, tick tock. Siempre sucedía lo mismo cuando el Van Røhl tomaba uno de los tomos de las estanterías y se sentaba en el sofá de su abuelo a dar inicio a su peculiar manera de adormecerse. No era algo nuevo; cualquiera que lo conociera por un determinado lapsus de tiempo hubiera sido capaz de notas las señales. Como si sufriera de despersonalización esporádica o algo por el estilo. Ya sabéis, Klaus con un libro es como un adicto con nicotina.

Katrina ronroneaba a su lado, frotándose contra su pierna como si quisiera llamar la atención hacia sí; daba la impresión de que la gata de precioso y abundante pelaje negro tratara de desadormecer a su amo: quien solamente volvió a sí una vez habiendo terminado finalmente su libro. A posteriori, y casi orgulloso de sí, el danés miró hacia abajo, a su animal de compañía quien en sus ojos podía apreciarse un intelecto que no parecía natural en una gata, y, transcurridos unos minutos; recordó. Entonces se puso en marcha; no hizo falta observar ningún reloj –no quería dilucidar lo obvio–. Durante todo el poco tiempo que le tomó arrancar su túnica negra del perchero y adentrarse finalmente a las calles sin paraguas en mano a pesar del caprichoso clima londinense, la gata no apartó su mirada de él; parecía estar burlándose con una expresión gatuna equivalente a algún “te-lo-advertí”, Klaus supuso que incluso lo continuaba observando una vez estando el fuera mediante algunas de las ventanas. No volteó para corroborarlo: ya iba retrasado.

Antes de doblar la esquina su silueta terminó diluyéndose como los pocos rayos de luz que aún permanecían iluminando a Londres terminaron escabulléndose en la nada de las estructuras, la misma figura quedo esbozada en otra calle, frente a otra puerta; los hechizos de aparición se le daban. Permaneció de pie frente al umbral del pub antes de entrar, durante unos cuantos segundos, cualquiera que lo hubiera estado observando lo hubiese descripto como “preparándose mentalmente”, y eso estaba muy cerca de lo que hacía. Por un segundo se le atravesó la idea de bosquejar una excusa, pero eliminó esa posibilidad inmediatamente, y antes de que pudiera notarlo; la inercia lo había hecho cruzar el umbral, ahora estaba caminando hacia un sitio en específico, donde una hermosa señorita de actitud indescifrable se hallaba sentada. Era una idea muy sosa ir a tomar un café en un pub, pero Klaus lo había propuesto dado que si luego se quería probar algo más fuerte, no tenían que buscar otro sitio. —Lamento el retraso— Comenzó el mago con el tono más apenado que le fue posible, fusionado con su nota habitual, la que usaba cuando quería sonar carismático. —Leía. — Terminó diciendo la verdad, puesto que de cualquier modo Smith hubiera descubierto su mentira. La observó durante unos minutos, y luego el otro asiento, esperando que le permitiera sentarse. O cualquier otra cosa que Smith pudiera lanzarle en ese momento.


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Re: Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

Mensaje por Meredith W. Smith el Dom Feb 03, 2013 4:00 pm

18:00 pm │ Caldero Chorreante │ Klaus F. Van Røhl

Era fin de mes y eso solo significaba una cosa, le tocaba hacer el informe mensual al Ministro y no todos los aurores habían acabo los suyos. Con un horrible dolor de cabeza que le asechaba como un tornillo clavándose en su cabeza, Meredith siguió escribiendo el pergamino donde calificaba a cada uno de los aurores que estaban bajo su mando, muchos los había calificado con un pobre aceptable ya que no daban frutos, unos pocos tenían un sobresaliente y solo dos tenían la fortuna -o el infortunio para Meredith por uno de ellos- te tener un excelente, por un lado estaba Van Røh quien era un auror dedicado y que se dedicaba a seguir ordenes dando buenos resultados en sus misiones y por otro lado estaba Delaney, una aurora con la que siempre había tenido roces y con la que constantemente peleaba por querer ella adueñarse de su puesto y aunque la mandara a hacer papeleo y misiones aburridas, siempre llegaba con los resultados esperados. No podía darle una mala calificación si no se lo merecía -Amanda, por favor intenta conseguir los pergaminos que faltan que ya me tengo que ir- dijo la castaña a su secretaría por el intercomunicador muggle, mientras esperaba que ella pudiera hacer algo por conseguirlos. Miro de nuevo su reloj y se dio cuenta que poco faltaba para que fueran las seis de la noche, hora con la que había quedado con Van Røhl para tomar un café y Merlín sabía como odiaba ser impuntual. Si en diez minutos no tenía los pergaminos en su escritorio, iban a correr cabezas. De eso estaba segura.

Siguió escribiendo el pergamino, acabando los calificaciones. Bastante estresada, termino de escribir el informe con los puntos claves de las últimas misiones. Y ni rastro alguno de los aurores restantes con sus pergaminos, sin ganas de esperarlos, dobló el pergamino para luego enviarlo con su lechuza y así levantarse por fin de su escritorio. Agarrando su túnica, se la coloco encima de su vestimenta y salió de su oficina dejándola con hechizo para que no fuera interrumpida. Pasando por el escritorio de su secretaría, hizo una leve pausa allí para dejarle claras instrucciones -Si aparecen Thompson, Willson y Johnson, les dices que en vez del pergamino sobre su desempeño, traigan la carta de renuncia al cuartel- y sin esperar respuesta de su secretaría salió del lugar sin siquiera mirar atrás. Si no empezaba a ponerse sería, le iban a pasar por encima y ella debía ganarse el respeto de los aurores, así tocara infundirles miedo. En la guerra, toda táctica es válida si logra su cometido.

Llegando a las chimeneas del ministerio, la castaña entro en una de ellas y agarrando los polvos flu con una mano, dijo con voz clara el lugar a donde quería ir, el caldero chorreante. Después de pocos segundos, salió de la chimenea del local donde después de un caluroso saludo al tabernero que conocía desde que era una joven aprendiz de aurora quien se había dedicado a darle el café necesario para darle ánimos en sus duros entrenamientos, se dirigió a una mesa al fondo de local para no ser molestados. Mirando el reloj se dio cuenta que eran las seis en punto y su compañía debía de estar allí en cualquier momento. Pidiendo una taza de café, se puso a mirar por la puerta esperando escuchar la campana que avisará la entrada de Van Røh -Ni te afanes que yo acabo de llegar igual- dijo con voz cansada mientras le daba un sorbo a la taza de café que el tabernero le había traído - Siéntate, ni que te cobrará la silla- dijo con una media sonrisa mientras lo miraba -Digno Ravenclaw Van Røh- ella lo sabía bien, el amor por la lectura del joven era tal que si se había leído la mitad de la biblioteca de Hogwarts era poco -Al menos tu hacías algo divertido, a mi me toco hacer el informe- dijo suspirando mientras le daba otro sorbo a su café.


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Re: Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

Mensaje por Klaus F. Van Røhl el Dom Feb 03, 2013 4:52 pm


Bueno, no es que el tabernero lo odiara ni mucho menos. Pero tampoco es muy plausible decir que desde su primer encuentro nació una camaradería que duraría años; todo había comenzado cuando en una ocasión –la primera vez que Klaus se adentraba al pub– este confundió el nombre del mago con “Todd” en lugar de “Tom”, quedando grabada su falla en la mente del tabernero; aunque el danés creía que se le olvidaría pronto, simplemente nunca sucedió, puede que haya sido algo más, no sé, las personas son complicadas. Aunque al Van Røhl no le importaba mucho el detalle, y tampoco mostraba una actitud contraria por ello, cosa que parecía picar aún más a aquel de nombre Tom. Tom, no Todd. Sin embargo nunca se había dado un altercado entre ellos, y tampoco se daría en el futuro próximo. En danés Klaus tendría una sola palabra para describirlo; así como también la tendría para narrar la sonrisa que esbozó luego de escuchar el comentario de la chica, y la sensación de calma al oír que no necesariamente llegaba tan tarde como él pensaba. Esperó a que le permitiera tomar asiento, y al recibir su versión de una autorización, rio a lo bajo más para sí que otra cosa y finalmente descansó.

A posteriori, hizo un gesto al tabernero, y este se movió pesadamente de su sitio luego de girar los ojos en un gesto fácil de descifrar, para traer consigo, instintivamente, una taza de café negro –el que Klaus acostumbraba tomar–, el mago agradeció con la idea de una sonrisa plasmada en su rostro. —Pero si el informe es la parte más divertida de ser la líder de los aurores— Bromeó finalizando con una sonrisa que dejaba entrever su dentadura. Tiempo hacía que Klaus había entregado el resumen de sus misiones, en el primer día del plazo que acostumbraban otorgar, detallado y minucioso; como lo demás relativo a su persona, sin embargo era de su conocimiento que no todos los demás integrantes del departamento habituaban ser conocidos por su puntualidad en los resúmenes; la lideresa debía tolerar eso y mucho más. En realidad sabía que debía de ser posiblemente el trabajo burocrático más aburrido inherente al título de Smith. El mago cavilo si hacer otro comentario referente a ello; pero su mente rápidamente concluyó que era mejor dejar la burocracia del trabajo de lado.

Hacía tiempo que no quedábamos— Claro que esa oración podía ser considerada mentira; los camaradas se veían todos los días, pero últimamente no tanto fuera del Departamento de Aurores, y es que el trabajo en ese mes los consumía casi completamente, Klaus iba de una misión a otra; la atmosfera de la sociedad mágica no era la mejor en esos días. —Deberías de escaparte un día de estos, Smith, e ir a Hogsmeade, como en los viejos tiempos. — Dio la impresión de que el Van Røhl se refería a la época de estudiantes en Hogwarts; pero de hecho ese “viejos tiempos” simplemente se refería a unos pocos años atrás, cuando Smith había sido recientemente nombrada lideresa y la camaradería entre ambos se había asentado, antes de que aquellos incidentes asecharan a la comunidad londinense, acostumbraban ir cada cierto tiempo al pueblo, sin ninguna razón muy clara aparente: eso era exactamente lo que hacía buenas esas salidas. Y es que, pocos sitios ofrecen la sensación de calor de Hogsmeade.


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Re: Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

Mensaje por Meredith W. Smith el Dom Feb 03, 2013 5:29 pm

Si alguien le preguntaba que era lo más divertido de ser la jefa del departamento de aurores del ministerio sin duda tendría que ser el hecho de que ella era la jefa máxima de ellos -claro está que encima estaba el Ministerio- y que todos debían seguir sus ordenes. Si se ponía a pensar, podía entender como se sentía Voldemort cuando tenía poder y ese poder te llena, era por eso que no cualquiera puede tener poder, ya que puede llegar a tal punto de cegarte y hacerte superior. Merlín no quisiera que eso le sucediera a ella -Claro, si quedarme en mi escritorio por horas calficando a cada miembro y traspasando los informes con horribles fallas ortográficas super divertido- dijo de forma irónica mientras le daba otro sorbo a su humeante café. La verdad era que ese era el trabajo más tedioso del puesto, incluso por encima de tener que despedir a tus propios compañeros con los que te formaste -Lo peor fue que cuatro aurores no presentaron su informe y espeor mañana en mi mesa su carta de renuncia- dijo suspirando mientras se mordía el labio, Van Røhl sabía como ella odiaba ser la mala jefa y tener que hacer que ellos renunciaran. Pero lo mejor sería no hablar de trabajo, que bastante había salido huyendo de aquella oficina como para seguir hablando de ellos, mañana se encargaría de aquellos cuatro, ahora simplemente trataría de pasar un rato amable tratando de despejar su mente, o eso esperaba.

Las palabras de él era ciertas, el mes había estado cargado de trabajo y poco tiempo había tenido para así sea ir un día de compras al callejon diagon. Pero el deber era primero antes que todo y ella lo sabía bien, aunque extrañana las salidas con él -Culpa de tu jefa que te pone demasiado trabajo, debe de ser una gruñona- dijo riendo mientras se burlaba de ella misma, no es que fuera una gruñona pero le gustaba tener las cosas al día, así se evitaba que hablaran mal de la forma como manejaba el cuartel ya que sabía que otras personas querían quedarse con su puesto y ella eso no lo iba a permitir ya que bastante había peleado por el como para dejarselo quitar -Debería de decretar que una ves al mes tengamos un día libre o te juro que un día de estos voy a terminar en San Mungo internada por exceso de trabajo- y por Merlín ojala eso no pasará, perder un día en san mungo era demasiado malo, peor aún si te ordenaban -o exigian- un reposo de al menos una semana.

La castaña le dio un ultimo sorbo a su café, para luego llamar al tabernero para que retirará la taza. Que más quisiera ella que poder escaparse a Hogsmeade a comerse un pastel de calabaza y tomarse una cerveza de manteca como en los viejos de tiempo, pero debía acostumbrarse a pasar sus pocos y escasos ratos libres en el caldero junto a Tom -El día en que el último mortifago este encerrado en Azkaban, ese día ire y me recompensaré con un buen pedazo de tarta de maleza de las tres escobas- ese día estaba lejos, pero ella sabía que tarde o temprano iba a encerrar al último mortifago y ese día tendría la satisfacción de haber cumplido su trabajao. Aunque claro estaba que extrañaba el hecho de ir a aquel tranquilo pueblo donde era bien recibida, pero su seguridad estaba primero que nada, eso lo tenía bien claro.


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Re: Always heed the warning of a cat │ Meredith W. Smith

Mensaje por Klaus F. Van Røhl el Lun Feb 04, 2013 7:46 am

Fue fácilmente legible la expresión en el rostro del auror cuando su amiga mencionó las fallas ortográficas que esta debía de soportar. Y debéis tener en cuenta que Klaus pocas veces era fácil de leer, solamente se mostraba así con aquellas personas con las cuales se sentía verdaderamente cómodo, otras veces podía ser tan astuto en gestos y palabras que hasta podía irritar tanto misterio. Una jaqueca para algún especialista en razonamiento deductivo. Pero ahora no debía de mostrarse así; y eso le gustaba. Se proyectó mentalmente la idea de quiénes serían esos cuatro faltantes, creyó acertar en su pronóstico pero no lo pronunció en voz alta, sabía que Smith odiaba instar a la renuncia de un miembro del departamento. Menos a cuatro. Sin embargo la lideresa debía de hacer lo que hiciera falta para mantener calibrado a su escuadrón, un funcionamiento que recordaba en eficacia al Banco Gringott, después de todo demasiada responsabilidad tenían ya los aurores sobre sus hombros como para permitirse cualquier mínima falla.

En el fondo bien sabes que quisieras tener una jefa como la mía— Entonces dio el primer sorbo a su café. Klaus no envidiaba el tener al Ministro como jefe, aunque también fuese en medida su jefe, él no recibía órdenes directas del jefazo; y para el Van Røhl eso estaba bien. Tenía una imagen del Ministro como un hombre demasiado a gusto con la burocracia, como si solo necesitara una montaña de papeleos sobre su escritorio para protegerse de la actual situación; ante la cual había mostrado un comportamiento que rozaba con la apatía. Dejó escapar una risa ante el comentario de quedar internada en San Mungo, y a posteriori volvió a beber del café negro. Las personas no entendían el por qué del danés siempre bebiera ese café, y curiosamente, pocos le habían preguntado la razón adherida. Quizás si lo hubieran hecho muchos más la conocerían. —Guárdame un asiento a junto y una rebanada cuando ese día llegue— No ocurriría hoy, ni mañana. Muy posiblemente siquiera ocurriera en su tiempo, pero la causa, era por esa empresa por la que debían de batirse a duelo y abandonar su alma en el campo de batalla si eso era lo que hacía falta. Esa es la razón por la que eran quienes eran. —Es más, de seguro y todo el departamento va— Y las Tres Escobas se llena de aurores nostálgicos; nostálgicos a su tiempo en Hogwarts, y vivaces por el día.

Si es que este llegaba.


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