Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

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Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

Mensaje por Gøran N. Asbjørnsen el Mar Feb 05, 2013 5:43 am

J. TEMPERANCE SCRIMOUGH ✗ 22.30 HRS. ✗ CALLES MÁS ARRIBA DEL MINISTERIO DE MAGIA

La oscuridad se ceñía sobre Londres como si de un manto salpicado se tratara. No había nubes. Nada impedía ver la luna y las estrellas, cosa realmente sorprendente por ser la zona geográfica del mal tiempo por excelencia. Los ruidos diurnos dieron paso a los pitidos de los coches y la prisa de los transeúntes para llegar a casa tras un día más de sufrimiento en el trabajo. Sobre la carretera, las luces de los coches, bares, restaurantes y demás locales brillaban tanto o más que las estrellas y la luna del cielo, como si quisieran hacerles la competencia y ganaran por victoria aplastante. Un Gøran asqueado cruzó algunos callejones, doblando a derecha e izquierda, luego de izquierda a derecha, uno recto y otro más hacia la derecha. Su mano derecha palpaba su varita de madera de olmo con un interior de núcleo de nervio de dragón en el bolsillo derecho del chaquetón largo de un color tan negro como la misma noche. Sus ojos cristalinos estaban perdidos en algún punto de la oscuridad, tan impenetrables como un muro de hielo a la vez que ausentes, y su mandíbula, ahora relajada, había permanecido rígida durante el tiempo necesario como para que ahora se la sintiera liberada. Un hombre de mediana edad cruzó la misma calle que él unos diez pasos más arriba, pero en sentido contrario. Antes de cruzarse, lo miró atento, cauto y con miedo infundido, muy a pesar de que no se conocían de nada. Gøran no le dedicó siquiera una mirada de soslayo por la poca decencia en no intentar disimulo alguno en sus acciones, sin embargo, sí pensó. "Repugnante", se dijo para sí, "debería sacarle los ojos solo por eso. Muggle". Pero a pesar de cualquier falta de respeto, por memez que fuera, no podía sacar de su cabeza el gusto de su última hora; la muerte y la tortura. Él lo tenía ya como un hobbie, y a su menor ápice de aburrimiento, se apoderaba de su varita con la mano enfundada en guante negro y apuntaba con desprecio. No mediaba palabra, ya que era el pensamiento quien llevaba a cabo la acción. Gøran era silencioso. Había aprendido a serlo hacía muchísimo tiempo; una sombra escurridiza que lleva a cabo sus planes y desaparecía con la facilidad de un parpadeo. Pero cuando podía, se daba el gusto de deleitarse con la —ya oficial— banda sonora de su vida; los gritos de dolor, agonía y los sollozos que buscaban misericordia.

En uno de esos días en los que los planes terminan demasiado pronto, no resulta extraño verle pasear por las calles y callejones más recónditos de Londres, pues si bien odia todo cuando tiene que ver con lo muggle —menos cierta parte de su música—, a su modo de ver, la diversión podría estar esperándole a la vuelta de la esquina. La sorpresa llegó cuando sus pasos lo llevaron unas calles más arriba de donde se encontraba el Ministerio de Magia, allá hacia las diez y media de la noche. De entre la gente —mágica o no— que se atrevía a deambular por las calles más oscurecidas, reconoció a una rubia en particular a la que no le costó demasiado recordar el nombre; Temperance. Automáticamente los labios de él se retorcieron a la más arrogante sonrisa y no se lo pensó dos veces en interponerse en el camino de la rubia.

June Temperance Scrimough — comentó él, con su acento norteño marcado y un tono de voz que iba de la neutralidad a la cortesía fingida mientras comparecía no muy lejos de ella — Veo que los años te han tratado bien, señorita. — Le sonrió de medio lado con malicia a la vez que volteaba la cabeza para mirarla, pues en un visto y no visto se había posado a su lado, andando, como quién no quería la cosa.


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Re: Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

Mensaje por J. Temperance Scrimough el Mar Feb 05, 2013 6:46 am

Un día más había llegado a su fin. Gracias a Merlín. Los músculos de la Scrimough empezaban a pedir sustitución. Una dura semana había sido. Demasiado trabajo. Demasiado para una mujer que debía afrontar no sólo eso sino los quejidos incesantes de sus subordinados. Temperance sabía que no poseía ningún poder para dar órdenes a cualquier miembro del Ministerio, ni siquiera se sentía con potestad de manejar las mentes de los trabajadores del Departamento de Misterios. Desde su encontronazo con Perthwinke todo en ella se había vuelto del revés. La pequeña Temperance pugnaba por aflorar a cada instante, a cada paso, a cada respiro. Cada vez era más complicado mantenerla a ralla. Ni siquiera se permitía disfrutar de ella a solas, en su casa. Desterrada al olvido, la casi inofensiva slytherin pensaba ya por sí sola, luchaba contra viento y marea, provocándole terribles dolores de cabeza. ¿Cuántos días llevaba encerrada en el despacho sin asomar siquiera la cabeza fuera de él? ¿Desde cuándo no conciliaba el sueño? Por el amor de Merlín, ¿cuántas veces se había planteado dejarlo todo, alejarse del Ministerio, del Ministro, de su padre y de todo lo que la rodeaba? En el mismo camino, ¿cuántas veces se había recordado a sí misma la obligación de cuidar a Pearl? Por su hermana debía permanecer tan fuerte como hasta entonces. Por su sonrisa. Por sus travesuras. Por sus malditas mentiras. Porque aunque intentase disimular, aunque si hiciera la imbécil ante ella, todas caían por su propio peso. Se pasó la mano por la cabellera dorada que brilló bajo la rotunda vida nocturna londinense. La noche apestaba a pecado. Los muggles caminaban sin percatarse absolutamente de nada. Del fuerte temblor que sacudía los cimientos de una comunidad tan cercana a la suya. Ignorantes reían y bromeaban entre ellos, disfrutaban del día a día, de cada noche. Envidia. Una fuerte oleada de furia la arrasó haciendo que su menudo cuerpo impactara contra el de una humana. Esta protestó algo apenas audible. Pero, aún así, Temperance enfocó sus ojos azules hasta los suyos; directa, apretando la silueta que su varita dibujaba en la americana oscura. La muggle tragó saliva pidiendo disculpas al punto. La rubia asintió obligándose a sí misma a continuar con su camino sin mirar atrás. Cuanto antes se refugiara entre la seguridad de su casa, mejor.

Sólo tenía que voltear unas cuantas calles, atravesar varios callejones y disimular ante los muggles para colarse en uno de los edificios mágicos de Covent Garden. Cada vez era más frecuente que los magos y brujas comprasen sus propiedades en la ciudad muggle. Desde su punto de vista, todos ellos eran desalmados huyendo de su vida pasada. Como ella. Apretó el paso aferrando con determinación el maletín oscuro con su mano derecha. Coló la mano en el bolsillo del pantalón a juego con la chaqueta e intentó cruzar una de las calles pero fue entonces cuando una sombra masculina se cruzó frente a ella impidiéndole alcanzar el bordillo de la calle. Maldijo por lo bajo alzando la mirada. Afinó los ojos. ¿En serio? ¿Estaba equivocándose? ¿De verdad? No podía ser. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para mantener a la antigua Temperance bajo ralla. La simple mención de su primer nombre hizo que un estremecimiento le recorriera la espalda.

Maldito seas tú y toda tu estirpe, Asbjørnsen —gruñó por lo bajo, alzando el maletín para darle un pequeño golpe en el muslo derecho. Con tranquilidad, pesadez como si le hubiese costado la misma vida hacer aquél movimiento. Recordaba su último encuentro y, por Merlín, no había cambiado absolutamente nada. Quizás unas arrugas más, más sombras en su rostro, más seriedad… Más misterio. Detestaba a ese hombre tanto como lo apreciaba. Había sido un buen año. Unos buenos meses. A pesar de su indiferencia en todos los aspectos, a pesar de saber que Gøran jamás tendría un amigo fiel, Temperance había insistido en enviarle alguna que otra carta, a las cuales él no había respondido—. Me gustaría decir lo mismo de ti, querido, pero nada me ofrece la posibilidad. —Sonrió de medio lado, ladeando la cabeza—. Te creía muerto. Una partida de muggles vengativos, una horda de la Orden, un colacuerno húngaro... —se encogió de hombros, deslizando sus perlas azules por su estructura ósea comprobando una vez más que no había cambiado absolutamente nada. En las retinas de sus ojos podía verse casi rencor pero, hacía años que había asumido que la relación entre ellos era, cuanto menos, especial—. ¿Vas a contarme los motivos que te han traído a Londres o prefieres que me largue tal cual he aparecido? —Si iba a ignorarla, no pretendía robarle tiempo. Además, entre que él era de esos que ignoraban preguntas y ella no estaba de humor para soportar sus impertinencias, prefería dejar claras las intenciones desde el minuto uno.







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Re: Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

Mensaje por Gøran N. Asbjørnsen el Mar Feb 05, 2013 11:17 am

Temperance. ¿Cómo podía él decir como era ella? ¿Cómo podría ser capaz, incluso, de encontrar idea para intentarlo? Temperance era todo un mundo aparte del terranal. Una mujer de aquellas pocas capaces de marcar un antes y un después sin tener que recurrir al tema amoroso. Aquella rubia tan idéntica a él como distinta. Era un todo y un nada. Era una X sin despejar, así como la relación que había entre los dos tras aquellos cinco años de separación —y eso a mucho apurar—. Él no pudo evitar mirarla atento, como si intentara encontrar en ella algo distinto a la última vez. Lo intentó y fue como un dicho y hecho, pues a parte del típico avance de la edad, un algo le decía que no era como la última vez que la vio. A él le gusta llamarlo sexto sentido. Quizá fuera en la forma en la que lo miró, o en la forma en la que se movió; los detalles son el demonio de la perfección y eso, entraba en el terreno de Gøran. En su precisión y en su cuidado analítico de cualquier situación y, por supuesto, no lo pasó por alto, al contrario, le causó más curiosidad por el encuentro. Cuando la rubia lo maldijo a él, este retorció aún más la sonrisa, mezcla de diversión, arrogancia y malas intenciones. Él recibió el leve golpe del maletín de ella sin oponer resistencia de ningún tipo y se posó a su lado con la intención de seguir andando a su lado hacia donde quisiera que ella se dirigiera.

Tus maldiciones me sirven de poco; no eres la única que la maldice — le respondió él, ceja alzada, volviendo la vista hasta el frente en el mismo instante en que la amplia sonrisa volvía al atisbo de arrogancia natural en él. Él también lo hacía, pero poco le importaba. Vio pasar a un par de sujetos más allá, a la otra calle. Como perdidos en su propio mundo, cuchicheaban y reían de cosas que solo ellos. Gøran asintió levemente con la cabeza, como si estuviera dando su aprobación a las palabras de ella. Si alguna cosa no había cambiado, era su trato para con él. — Por favor, June, no me hagas recordarte que la mitad de cosas que salen de mi boca son mentiras... — le espetó él, claramente divertido por el comentario referente al físico. Aunque si bien el tiempo había pasado para ambos, ella parecía conservar aún el frescor juvenil, a grandes rasgos, en su apariencia. Gøran no pudo evitar soltar una risotada sonora que mostró las dos perfectas hileras de dientes tan blancos como la nieve; por primera vez en aquel día, divertido de verdad. — Casi había olvidado lo divertida que podías llegar a ser, querida — la miró de reojo. — La verdad, sabes que soy más partidario de una liga justiciera de... Impuros — se notó en la leve mueca que hizo que aquella última palabra no le atrajo nada bueno. De hecho, aquella palabra no fue más que una represión del ya típico sangre sucia. Pero, en público, la boca tenía que permanecer limpia.

Él la observó unos instantes cuando le echó el ojo encima para darle un vistazo tras aquello. Gøran terminó encogiéndose de hombros. — No te me hagas ilusiones, rubia, aunque creo que podríamos saltarnos este paso, ¿no crees? — "no es un secreto para nadie presente en la conversación lo que hago o dejo de hacer". — Sin embargo... — empieza, esperanzador — te he visto y he pensado, ¿porqué no? Lo menos que podría hacer es saludar a la mujer que nunca ha recibido una respuesta a sus cartas. Ya me disculparás, mi caballerosidad está algo oxidada. — termina por dedicarle una medio sonrisa, despreocupada y demasiado creída, antes de fijarse en el maletín que ella sostenía. — ¿Mucho ajetreo en el ministerio? — le pregunta él, como si fuera lo más inocente del mundo, a pesar de que realmente aquello iba con doble intención.


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Re: Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

Mensaje por J. Temperance Scrimough el Mar Feb 05, 2013 11:56 pm

Elegancia, exquisitez, sobriedad, pulcritud. Los pasos de Gøran eran firmes, sus miradas penetrantes y sus movimientos cuanto menos, inquietantes. No recordaba conocer ninguna persona de esas cualidades que consiguiera infundir en ella tal sensación de seguridad y protección. Sin tener verdaderos motivos porque, a lo que a ella respectaba, el sueco nunca le había demostrado tanto. Gøran siempre había sido más. El extraño muchacho con fuerte acento, rotundas palabras mal dichas, envuelto por ese aura oscura tan suya, rodeado por su misterio, expuesto a críticas. El dolor de cabeza de muchos, la delicia a vista de otros. U otras. Pero esa desgana, la cual adornaba su vida, pesaba demasiado sobre su espalda emborronando cada uno de sus movimientos. Si bien la sacaba de quicio, podía hacerla reír con cualquier de sus comentarios ingeniosos y burdos. Por eso Temperance había decidido estar cerca de él. Las sensaciones eran extrañas cuanto menos. Deseos de estrangularlo con sus propias manos, abrazarlo para asegurarse de que, a pesar de haber crecido, de haberse convertido en una mujer, él continuaba viendo a la niña que pugnaba por liberarse y que tanto luchaba ella por retener. Dedicándole una mirada de soslayo, quiso entrever un brillo en su mirada. Su crueldad acojonaba. Oh, ya lo creía que sí.

No soy comparable ni siquiera contigo —resumió acentuando sus palabras con una ceja enarcada. Una leve inclinación. Fugaz. Como su sonrisa al verlo a su lado. Por unos momentos, intentó destruir la imperiosa necesidad de tocarlo. ¿Cuánto hacia que no se colgaba de su brazo? Muchos años. Su mente no consiguió evocar una imagen en la que la rubia lo molestase con el contacto físico. Estaba a punto de desistir cuando escuchó su primer nombre en la boca del sueco. Ceñuda, giró la cabeza lo justo para enfrentarse a su mirada—. De la mía no —sonrió colando su menudo brazo entre su costado y el suyo. Sin preguntar, sin dolor. A pelo. No iba a rechazarla, pensaba, era demasiado educado aunque… La educación y elegancia, en ocasiones, brillaban por su ausencia. Su risa embaucó totalmente su consciencia—. Joder —maldijo por lo bajo volviendo la vista al frente. Hacía mucho tiempo que no escuchaba algo como eso. Demasiado tentador para June quien revoloteaba cada vez más cerca de la superficie. Tiró de su manga sin poder esperar un segundo más—. A tu edad ya deberías saber que si quisieran, podrían patearte las pelotas dolorosamente. —Mentira. Pero le gustaba enfadarlo. Un poco al menos—. Como yo. No deberías jugar con ellos tan cerca del Ministerio. No deberías tentarme tanto. Recuerda para quién trabajo, Goran. —A pesar de saber que nunca podría llevarlo a Azkaban, debería tener más conciencia de con quién trataba la rubia—. Admítelo, Asbjørnsen, me echabas de menos. No todas las noches tienes la suerte de encontrarte con una vieja amiga divertida, encantadora, pragmática, misteriosa y atractiva. Aún no te he perdonado no haberme respondido pero comprendo que para alguien analfabeto escribir suponga el mismo esfuerzo que para un squibb atarse los zapatos. Tranquilo, te entiendo —colocó una mano sobre la suya como si de un niño tonto se tratase. Patada por patada, burla por burla. Sin ser plenamente consciente de ello, en cuanto escuchó la palabra “Ministerio” la mano que cargaba el maletín pareció esconderse tras su cuerpo. A ella no la engañaba. Quizás a algún auror incompetente y atonlondrado sí, pero no a ella. No. Si quería saber algo debería currárselo un poco más, ¿no?—. ¿Preocupación es lo que percibo en tu voz? —susurró irónica. Evidentemente, no.







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Re: Mr. and Mrs. forked tongue | J. Temperance Scrimough

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